Consideraciones en tiempos de necesidad

Veo muy conveniente hablar de ciertos aspectos, con cierto toque en prosa poética, de la vida pública de España, pues prometiéndonos el futuro de nuestros sueños, nos han arrebatado nuestro presente marchitando nuestro pasado.

Aristóteles habla de tres tipos de gobierno: la monarquía, la aristocracia y la república, que a su vez pueden degenerar en tiranía, oligarquía y democracia (términos empleados de la traducción de Gredos).

Rescato a Aristóteles porque puede tener una presencia verdaderamente cercana a nuestros tiempos respecto a lo que voy a decir a continuación. Según los parámetros aristotélicos mencionados anteriormente, el gobierno puede ser de una persona, varias o muchas. El propio Aristóteles advierte que puede haber una mezcla de tres o dos formas de naturaleza de gobierno.

El sistema que encontramos se podría percibir como una naturaleza mixta de las tres degeneraciones de gobierno, ya que vivimos simultáneamente en una tiranía, una oligarquía y una democracia.

Aquí en nuestra patria, la Corona en sí solo aparece cuando hay que ejercer un elemento represor o simbólico que ya no significa nada, una imagen ya nostálgica y escuálida, escudado en el miedo a la violencia y al desorden

Carecemos de aristocracia, no se trata de un grupo selecto de los mejores que poseen nobleza de espíritu, valor guerrero y prudencia de Estado, sino carencia del mismo, hipnotizados por el ansia de oro e imprudencia mediática.

Por supuesto no somos un pueblo concienzudo y participativo (y no nos culpo). La alienación y la ausencia de lazos de todo tipo nos han convertido en una muchedumbre rabiosa que solo se moviliza generalizadamente cuando salen a la luz vicios mediáticos o escándalos seleccionados por la prensa.

Ya el poder mediático estaba logrando lo que la pandemia terminó por completar, la castración de nuestro espíritu mediante la desilusión y frustración constante. Todos tenemos cierto grado de responsabilidad (unos más que otros). Señalo esto porque si somos responsables, significa que somos libres. Y precisamente uno de los principales responsables son nuestra querida y preciada “izquierda”.

Dejaron hace mucho de velar por nuestros intereses y vivir en delicados castillos de cristal, y nosotros pagamos la vieja opresión de la derecha y los caprichos de la izquierda. Por poner un ejemplo claro y nada abstracto, querían más diversidad de cuerpos en la publicidad. En cierta parte veo lógico quejarse de publicidad engañosa y de falsas promesas ¿pero la solución? ¿poner cuerpo “no normativos”?

El final de la historia no se podía saber: los cuerpos no normativos eran tan idealizados e irreales como los normativos, y ahora tenemos lo peor de la normatividad y lo peor de la no normatividad.

Segundo y último ejemplo: se quejaban de que las “minorías” no podían acceder a los altos cargos y puestos de responsabilidad, aplicaron políticas de paridad y discriminación positiva, y ahora tenemos diversidad, sí, diversidad de jefes y oligarcas. No cuestionaron el sistema, cuestionaron la forma de escalar en el sistema.

Y nosotros solo pedimos volver a nacer.

Enrique Díaz Ortiz

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