Terror rojo. Memoria selectiva.

Autor: Alberto Nicolás Muñoz

 

Hace un par de días se celebraba el homenaje en Madrid del asesinato del líder derechista a manos del Frente Popular que días después desencadenaría la cruenta guerra civil auspiciada por los socialistas, comunistas y separatistas. Calvo Sotelo fue asesinado por el Frente Popular al igual que tantos miles de falangistas, variados derechistas, sacerdotes y monjas; éstas últimas violadas por los sádicos rojos.

 

Dios nos libre a los falangistas de ser de derechas y franquistas, como nos tildan desde la supina ignorancia, cerrilidad y desconocimiento aquellos bolcheviques que nos declararon la guerra 2 años antes desde que se proclamó el bienio negro de la 2ª República. La cual fue destruida por aquellos mismos que se les llena la boca de democracia, igualdad y libertad. No se engañen, ni engañen, ustedes no son demócratas, son tiranos chekistas que van contra el disidente hasta el punto de destruirlo ferozmente. Gil Robles no fue asesinado como Calvo Sotelo porque se exilió a Portugal, que si no  hubiese muerto junto a Calvo Sotelo.

 

Más les valdría a la extrema izquierda haberse matado entre ellos, como hizo el sádico comunista Alexander Orlov contra los socialistas y comunistas que no seguían la línea stalinista soviética, la cual era sancionada, aplicada y castigada con la tortura y como colofón hasta una muerte lenta y dolorosa. La memoria histórica, o mejor dicho memoria selectiva, se acuerdan de lo suyo y no de las matanzas perpetradas por ellos aplicando un rodillo ideológico dictatorial haciendo gala del mantra e ignominia de que unos muertos valen más que otros. De la desfachatez hacen su bandera y de sus mentiras su ideología permanente.

 

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