Software Libre versus Software Privativo. Hay vida más allá del Monopolio

JAVIER GINER

Aun siendo las Nuevas Tecnologías un tema más profundo y amplio y, por tanto, afecta a diversos aspectos de la sociedad, sí me gustaría dar unas pinceladas al respecto.

Todos sabemos que ya hace meses ha finalizado el soporte técnico y actualizaciones que Microsoft daba a Windows XP. Y en las siguientes versiones (Windows 7 y Windows Vista). Lo que lleva a un problema de fondo  que, si para un usuario normal resultaría muy incómodo e, incluso a veces, peligroso, cuando hablamos de usuarios profesionales y en la Administración, y en servicios públicos en los cuales ha de primar la seguridad de los datos, la actualización sistemática del sistema operativo a utilizar, la fiabilidad de la red, la estabilidad de las aplicaciones, actividades profesionales donde siguen usando un sistema antiguo, desfasado e inseguro.

Un sistema que, además, de ser caro de adquirir y lo es también de mantener. Asimismo, un sistema, no solo que es privativo, sino que está en manos de una sola empresa, a expensas de lo que ésta quiera hacer y cuando quiera hacerlo y de la manera que desee hacerlo. Incluso dejar de mantenerlo.

Y, SÍ, hay “vida” más allá  de este sistema operativo, y existen otras empresas más allá de Microsoft.

Pues bien, entrando en el fondo de la cuestión, he de hacer unas consideraciones políticas, sociales y económicas.

GNU/Linux, está basado en código fuente que puede ser utilizado, modificado y redistribuido libremente por cualquiera (bajo los términos de la Licencia Pública General de GNU y otras licencias libres).

Hay empresas que difunden, apoyan y colaboran, como son: Intel, Google, IBM, AMD, etc… e, igualmente compañías de software como Nero, Java, Adobe Reader, etc… tienen sus aplicaciones disponibles para este sistema operativo.

Al ser de código abierto, libre, permite de forma total y absoluta personalizar su funcionamiento (añadiendo, modificando o suprimiendo lo que se crea conveniente), verificar la seguridad e intimidad de los datos  tratados.  Al mismo tiempo, conlleva independencia  con respecto al proveedor (ya no se depende de una sola multinacional, con los riesgos que ello conlleva); es un sistema muy estable y seguro (por algo es el sistema que la inmensa mayoría de los servidores y de las supercomputadores más potentes del mundo lo utilizan y, en éstas alrededor del 88% usaban GNU/Linux y 1% Windows); rapidez con que incorpora los nuevos adelantos tecnológicos (lpv6, procesadores 64 bits, etc…), etc…

Los sistemas operativos y aplicaciones privativos tienen limitadas las posibilidades de usarlos, modificarlos o redistribuirlo e, incluso su código fuente no está disponible a la inmensa mayoría de los usuarios y, a los pocos que se les permite, lo tienen restringido. Se podría alegar que para que quiere un usuario “normal” acceder al mismo si sólo “quiere” usar el ordenador. Es como al que se compra un coche, que sólo quiere utilizarlo y que no tenga ni idea de mecánica,  no pudiese acceder a cualquier taller para repararlo, sino al taller que la marca del coche le exija llevarlo. Esto último es lo que sucede con este tipo de sistemas y aplicaciones. Además, no se permite su uso por otra persona distinta a la que lo adquirió, ya que si se lo deja, pasa a ser “pirateado”. ¿Y si la marca del coche que hemos adquirido también nos impidiese dejar dicho coche a otra persona distinta? ¿A un amigo, a un familiar?

Igualmente, cuando alguien adquiere un sistema o aplicación privativa, no lo está comprando, no es titular del mismo (como sí pasa al adquirir un coche, una televisión, una nevera, etc…), lo que está pagando no es propiedad suya (lo que sería lógico, claro),  sino que está pagando solamente por  el uso de ello. Es decir, la compañía de software, sigue siendo propietaria, titular, del mismo y, como se indican en las condiciones de dicho software, llega a decir que, en cualquier momento, puede exigir su devolución.

No hay más que leerse las condiciones que lleva el programa (cosa que casi ninguno lee, por cierto),  y que sería muy conveniente hacerlo. No creo que nadie firme un documento, o adquiera un bien sin saber las condiciones a las que se expone. Entre otras cosas, sólo se puede utilizar en un solo ordenador, única y exclusivamente. Hacerlo en más, se considera ilegal. Situación que no tiene el uso del software libre.

Sin embargo, el uso del software libre, al ser gratuita su adquisición es, por tanto, asequible a una mayoría de la sociedad que no puede permitirse ni un sistema operativo ni aplicaciones cuyo coste es prohibitivo.

Así mismo, el Software libre se crea por equipos que cooperan a través de la libre asociación que pueden venir tanto del sector privado, público o ser meros voluntarios. Hay quienes piensa que es una forma espontánea o de anarquismo práctico y otros como una forma de trabajo colaborativo (algo similar al cooperativismo). En definitiva, implica independencia y libertad, ya que cualquier particular, empresa o gobierno, puede modificar, añadir o suprimir características, conforme  le sea conveniente, sin estar atado a una empresa o gobierno que tenga como propiedad el software, implicando  no estar a su merced, ya sea esperando nuevas funcionalidades, características, etc…, ya que la empresa propietaria del software, puede cambiar cualquier aspecto cuando le venga en gana, ponerla a la venta aparte o dejar de actualizarlo.

Otro punto a favor del software libre es su diseño, por lo que  no le hace falta el estar permanentemente vigilando su funcionamiento y tener que estar pendiente de unos “cuidados intensivos” de forma habitual (léase: desfragmentación, escaneo en busca de datos corruptos, instalación y uso constante de antivirus, rapidez de encendido y apagado y de uso diario, etc….).

Económicamente hablando, el software libre es y no es gratuito. Es decir, su adquisición sí lo es, cualquiera puede adquirirlo e instalarlo en más de un ordenador, de manera gratuita. Ahora bien, si dicho usuario (ya sea particular, empresarial o gubernamental), desease un servicio técnico ya sea de actualizaciones, funcionalidades, soporte, etc…, entonces sí tendría que contratar dicho servicio que sería equivalente al que ahora se tiene con el privativo (no costaría más que éste).

Mientras que el privativo, además de pagar por este servicio, se paga por adquirir el software (ya sea el sistema operativo como cualquier otra aplicación). Aunque, actualmente, por ejemplo, la versión 10 de Windows es gratis (a medias), ya que solo lo es si quien lo va a usar e instalar es un particular, no así una empresa ya sea privada o pública.

Con ello se quiere decir que, efectivamente, del software libre se puede vivir, se puede hacer negocio y con más lógica y ética que el privativo, ya que no se depende de una sola empresa, por lo que fomenta el crecimiento de empleo y de empresas diversas al efecto; hay más independencia, al poder acudir a cualquier empresa que a uno le sea más conveniente; hay más libertad, por cuanto se puede acceder al código fuente del software y poder añadir, modificar o suprimir características que te hagan o no falta en cada momento; se gana rapidez y fiabilidad, por cuanto la empresa a la que se vaya, le interesará ganar clientes; es estable, la inmensa mayoría de los servidores usan este tipo de software, porque al poder acceder al núcleo del sistema, se puede corregir cualquier fallo o añadir cualquier funcionalidad y al instante.

La cuestión no es el estar en contra de lo privativo, lo que se rechaza es el “oscurantismo” del software, el monopolio del mismo, el coartar la verdadera libertad de mercado (que no es lo mismo que el liberalcapitalismo). Se defiende que haya un software de código abierto y, a partir de ahí es cuando se monta el negocio, es decir, cuando se presta el servicio: soporte del sistema y aplicaciones, instalación de  los mismos, llevar a cabo modificaciones, adaptaciones y actualizaciones a conveniencia del usuario, etc….

Por tanto, para que en el ámbito de la tecnología, de las nuevas tecnologías, exista un verdadero I+D+I, el Estado ha de crear, promover y ayudar a una serie de patentes de software libre, a nivel nacional, con lo que supondría lo anteriormente expuesto de independencia, libertad, creación de empleo y de riqueza nacional, se produciría una mayor investigación, desarrollo e innovación en este ámbito, permitiendo un verdadero cambio económico y de justicia social. El Estado ha de facilitar un mecanismo donde se produzca enderezar este aspecto, a fin de que España ejerza su independencia y libertad tecnológica, conllevando que se ajuste a la premisa del bien común y nacional.

Impidiendo, así, que unas pocas multinacionales tengan tanto poder al respecto sin tener en cuenta la idiosincrasia y necesidades de cada uno de los países, ya que ni conocen ni les interesa las prioridades de cada sociedad, al buscar única y exclusivamente sus intereses propios, por lo que se crean unas “cadenas” que nos hacen estar a su total merced.

Por tanto, la solución pasa por lo siguiente:

  1. que las patentes de software sean libres e independientes, en el sentido de estar al servicio del país y, por tanto, destinadas al uso y desarrollo de la sociedad. No pueden estar en pocas manos que puedan limitar su generalización, su conocimiento, su libre uso y su mejora. Para lo cual, se creará una comisión ad hoc, compuesta por personas elegidas, capacitadas y con experiencia, para que pongan al servicio de la sociedad las mismas, según las necesidades nacionales.
  2. Creación, ayuda y fomento de software libre, verdaderamente nacional, que sirva para el desarrollo de tecnología española, que dará independencia, tanto tecnológica como científica. Esto, a su vez, fomentará tanto el conocimiento como el fomento de empleo, tanto a nivel local como nacional, al dedicarse a la creación y mantenimiento del software.
  3. Creación, implantación, uso y fomento del software libre (Gnu/Linux), en toda la Administración (estatal, regional, local), para proceder, después, a su generalización. Esto no significa, evidentemente, prohibición o limitación del software privativo. Ambos pueden convivir juntos.
  4. Promover el conocimiento digital en base a tecnologías abiertas porque el uso de tecnología no es neutral, por implicar directa o indirectamente, la cesión y adquisición de unos derechos.
  5. Promover la libertad de acceso a las nuevas tecnologías en equidistancia con la protección de la intimidad. Y un punto esencial para que ello sea así, es que el software sea libre. Ello redunda en independencia (no se depende de un país y, menos todavía, de una multinacional), libertad, (usar cualquier aplicación en cualesquiera computadora y por cualquier usuario y, además, actualizar el sistema operativo y aplicaciones cuando se requiera y se necesite). Además de permitir adaptar, modificar, añadir y suprimir cualquier característica conforme a las necesidades españolas; estabilidad y seguridad, por ser un sistema que al poder acceder y conocer su núcleo, permite corregirlo al instante e ir perfeccionándolo sin depender de otra empresa y estar a expensas de cuando quiera hacerlo y por el precio que nos imponga. Fiabilidad, al saber exactamente sus características internas y tener la certeza de que funciona para lo que debe de funcionar. Y, asimismo, un coste mucho menor, al no tener que pagar por el software y sus licencias o caer en la piratería de su copia. Supone ahorro en coste de adquisición y soporte, e independencia del proveedor y se fomenta, verdaderamente, la libertad de competencia al basarse en servicios postventa y no en licencias preventa.

En definitiva, aun quedándome cosas en el tintero, pretendo con esto el cambiar  “chip”, la manera de enfocar las nuevas tecnologías, porque va más allá del simple uso del ordenador y de una simple comunicación por internet y de darle a una serie de teclas. Al tener unas importantes repercusiones, tanto a nivel político, social, económico, cultural y laboral. E indicar que, desde el nacionalsindicalismo, hay propuestas serias a todos los ámbitos que nos afectan y, en el caso de las nuevas tecnologías, nuestro ideario tiene bastantes cosas que decir, entre ellas, lo antes expresado.

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