Ocho cosas que nos está enseñando el coronavirus

JOSÉ MARÍA REGUERA

1.- Que hay muy pocas cosas que sean realmente importantes.
Ante la amenaza del contagio y la posterior posibilidad de fallecer, sobre todo cuando es algo que está tan presente como en una pandemia, muchas cosas pasan a ser secundarias cuando no, directamente, a desaparecer de entre nuestras preferencias.

2.-Que la economía del lenguaje se impone ante el dogma progre del lenguaje “inclusivo”
Ya no nos hablan de “hombres y mujeres” de “todos y todas”… Ahora solo somos contagiados o fallecidos. Y es que no hay cosa más excluyente que separarnos por géneros cuando hablamos en plural de nosotros mismos o de terceros.
3.- Que la sanidad española tampoco era tan buena como nos creíamos.
Y es que a pesar de tener a grandes profesionales partiéndose el cobre ante la saturación del sistema, como soldados que defienden firmemente una posición estratégica sin apenas armamento, comida y con los calcetines mojados ante el ataque de un ejército enemigo mucho mejor armado, ha quedado aun más demostrado que no es eficiente tener 17 sistemas sanitarios distintos y completamente descoordinados entre sí. También ha quedado aun más que demostrado que no se puede ahorrar dinero en un sector básico y estratégico como es la salud pública y que los recortes ejecutados por los dos grandes partidos nacionales sin distinción son, me atrevería a decir, actuaciones supuestamente delictivas.
4.- Que el verdadero refugio de la persona es su familia.
No es el estado, ni es el mercado, ni es la institución pública o privada. La familia vuelve a ser el gran salvavidas de la sociedad.
5.- Que los partidos del gobierno, los que le apoyan y buena parte de la oposición, son claramente antihumanistas.
Quiero explicarme bien: Están al servicio de la cultura de la muerte. Lo demostraron con su apoyo y promoción del aborto. Lo demuestran con la admisión a trámite de la resbaladiza pendiente que supone la ley de la “axiatanasia”(1) (Perdonen el neologismo, pero no acepto que matar a alguien sea procurar una muerte digna)
En esta crisis, ante la saturación de los hospitales, dejar morir a los ancianos por falta de medios e incluso dar instrucciones de que así se haga, es otra muestra más de que estos supuestos representantes populares, no están por la defensa de aquellos a los que dicen defender, sino por mantenerlos en la esclavitud del sometimiento a un estado voraz que, disfrazado de democracia, cercena nuestra libertad y nuestra dignidad, articulando leyes que responden al deseo de unas pocas élites mundialistas.
6.- Que la UE es un trasto roto e inservible.
Hubiera sido una gran oportunidad para todos los europeístas. La UE unida como un solo cuerpo en defensa de su territorio, su economía, sus valores y sobre todo, sus ciudadanos. Una UE decidida a tomar las riendas de la crisis y de hacerse cargo de manera solidaria y subsidiaria de su gestión y sus soluciones.
Pero no. La UE no ha sabido ni ha querido, ni siquiera ha procurado un intento de hacerse cargo. Antes al contrario, cada país miembro está haciendo la guerra por su cuenta y aun más que eso, vemos como la Europa tradicionalmente racista y protestante, insulta a la verdadera Europa, la que gesta y pare a Europa entera, la de la cuenca del Mediterráneo.
Así, vemos al gobierno de un estado como el de Países Bajos, cuya sociedad es el gran ejemplo progresista de enfermedad colectiva, que creyéndose inmune y superior al virus, se atreve a cuestionar la gestión de España y de Italia, no por cuestionable que sin duda lo es, sino por creerse dueños de una verdad tan falsa como su propia existencia, una verdad que incluye la creencia de que su cosmovisión de la vida es mucho mejor que la del resto.
No se preocupen, estimados amigos neerlandeses, que el virus también les ataca a ustedes y, por supuesto, también creará tantas molestias como en cualquier otro sitio. Una cura de humildad que a nadie le viene mal.
7.- Que es necesario hablar y tratar el tema de la muerte de una manera sana y responsable.
Durante décadas hemos visto como el tema de la muerte se ha dejado en segundo o tercer plano. En cierto sentido es razonable: La búsqueda de la vida eterna o de la inmortalidad es tan vieja como el propio mundo.
Sin embargo, el cientificismo en el que vivimos, es decir, la creencia en que solo la ciencia tiene la salvación, nos ha impuesto una línea de pensamiento en la que impera la idea de que la muerte es mala y debe ser evitada.
Así, vemos como los niños ya no van al velatorio de los abuelos o se les cuenta que en realidad se han dormido. Vemos miles de crueles muertes en televisión, cine o videojuegos, pero conscientes de que son falsas muertes hemos llegado a creer que toda la muerte es falsa, como si de una ficción se tratara.
Las aglomeraciones de ataúdes en el palacio de hielo de Madrid; las colas para los hornos crematorios en Italia; la saturación de las morgues en Ecuador… son todos ellos ejemplos de que la muerte es muy real. Una sociedad sana es aquella en la que la muerte está razonablemente presente en nuestras vidas, en la que el “memento mori” nos hace estar alertas y decididos a llevar una vida buena. Una sociedad sana es aquella que lucha por conservar la vida sin tachar de inútil a nadie, de manera directa o velada. Una sociedad sana es aquella que mantiene la esperanza en la alegría de saber que este no es el único capítulo de nuestra vida y que, una vez muerto el cuerpo, el alma tiene un nuevo paradero.
Es necesario hablar de la muerte de manera natural, a la vez que hablamos de la vida como un don sagrado que nadie puede arrebatar merced a la necesidad de eliminar elementos supuestamente molestos (aborto) o inútiles (axiatanasia)
8.- (y último) Que la Iglesia de Dios está confusa.
Los católicos han perdido gran parte de sus referencias. La idea del Papa de la Iglesia en salida se ha comprobado fallida ante la amenaza del virus. Menos mal que nos quedan santos y buenos sacerdotes y laicos capaces de sacar oro de entre la greda sin apenas contar con el azogue necesario para ello.

(1) En contra posición a la palabra compuesta griega EUTANASIA, que significa “muerte digna”, he pensado en empezar a usar la también palabra compuesta griega AXIATANASIA, que significa literalmente “muerte indigna” y que creo hace mejor referencia al hecho de quitarle la vida a alguien solo por tener una enfermedad crónica o padecer algún tipo de limitación física o intelectual.

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