La huida hacia delante de Pedro Sánchez

Autor: Gabriel García

La macro jornada electoral prevista para el mes de mayo estará precedida por una convocatoria anticipada de elecciones generales que, por otra parte, era de esperar. El nuevo escenario surgido de las autonómicas de Andalucía y la debilidad parlamentaria del gobernante Partido Socialista impedirá que Pedro Sánchez, de momento, continúe presentando méritos de cara a la titulación no oficial de peor Presidente del Gobierno del actual Régimen. Y es que, a pesar del narcisismo y deficientes modales exhibidos durante los últimos meses, el listón de sus predecesores aún es demasiado alto como para juzgarlo con perspectiva. Quién sabe si el actual inquilino de la Moncloa no obtendrá en las próximas generales una mayoría que le permita gobernar con más estabilidad y mantener el circo mediático en el que no hemos dejado de vivir… Aunque las encuestas publicadas por el Centro de Investigaciones Sociológicas han dejado mucho que desear últimamente en lo que a credibilidad se refiere.

 

Al hablar de la convocatoria anticipada de elecciones generales no hay que atribuir su origen a ninguna presión externa al Gobierno, tal y como ha hecho la derecha sociológica reivindicando para sí la multitudinaria convocatoria en la madrileña Plaza de Colón el pasado 10 de febrero. Si Pedro Sánchez hubiera sacado adelante su proyecto de Presupuestos Generales del Estado, habría continuado al frente de la Presidencia y sostenido por los secesionistas por mucha manifestación opositora que se convocase. Pero el juicio a los dirigentes secesionistas se ha cruzado en su camino y, por desgracia para Pedro Sánchez, ni siquiera un hombre como él (que se cree tan por encima de los demás) puede trastear a su antojo con el cada vez más puesto en duda Estado de Derecho. Si a lo anterior incluimos los problemas internos de Podemos (la errejonada en Madrid, los malos resultados electorales de Andalucía y los Iglesias medio desaparecidos como parte de su campaña de marketing), es comprensible que el Partido Socialista haya querido quitarse de en medio, aunque sea temporalmente, a tan inestables socios y apostar por unas nuevas elecciones generales que podrían ganar apelando a los temas estrella del último año: el feminismo y el presunto retorno de la extrema derecha; por otra parte, y aprovechando que desde el Gobierno pueden promulgar algunos decretos, también están jugando la baza de aprobar medidas sociales como guiño a las clases trabajadoras y como parte de una campaña electoral que empezó hace mucho.

 

Es complicado concretar cuál será el resultado de las elecciones generales. Si el nivel de los representantes políticos dejaba mucho que desear, las continuas llamadas al voto útil y la obsesión por meter miedo al electorado dejan aún más por los suelos esta política hecha a base de Twitter y titulares sensacionalistas cuya frontera con las fake news cada vez es más difusa, y esto es algo visible en todos los partidos con aspiración al poder en nuestro país. Las propuestas sobre el futuro de las instituciones y cómo mejorar la calidad de vida de la población han desaparecido definitivamente en beneficio de reivindicaciones más propias de un reallity show freak que de personas cuyas decisiones afectan a millones. Con semejante panorama, no es extraño que las grandes compañías eléctricas aumenten sin ningún disimulo las facturas de sus clientes o que la ludopatía haya sustituido otras adicciones entre la juventud. España tiene problemas muy graves que van más allá de quien obtenga la mayoría en unas elecciones; la cuestión está en que no escucharemos a ninguno de los representantes políticos que intervendrán en los inminentes debates plantear cómo remitir esos problemas, dado que su visión del gobierno no va más allá de las legislaturas que les permitan vivir del erario público y, además, no van a cuestionar el modelo de sociedad al que tanto han contribuido y con el que tan a gusto se encuentran.

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